Ejercicio de profundidad y textura construido a partir de una sola paleta: el verde en todas sus variaciones.
La propuesta se centró en trabajar masas orgánicas de hortensia en contraste con textiles estructurados en tonos oliva profundo, creando un diálogo entre lo natural y lo arquitectónico. La iluminación lateral y los fondos drapeados potenciaron la atmósfera íntima del espacio, mientras las mesas largas reforzaron una sensación de continuidad y composición lineal.
El diseño evitó contrastes abruptos para permitir que la textura, el volumen y la repetición fueran los verdaderos protagonistas.
Una boda donde el color no compite, sino que se despliega en capas.