La paleta cromática se construye desde el blanco absoluto, acompañado por verdes frescos y texturas naturales. Las sillas de madera con tejido en mimbre aportan calidez y equilibrio, suavizando la pureza del entorno arquitectónico.
El techo intervenido con drapeados en telas marfil genera movimiento y profundidad sin recargar el espacio. La instalación transforma el salón en una atmósfera envolvente y ligera, elevando visualmente la experiencia sin competir con la mesa.
En la composición floral se trabajaron diseños orgánicos de baja altura, permitiendo que la conversación fluya libremente. Las flores blancas combinadas con acentos verdes crean contraste sutil, aportando frescura y sofisticación. Las velas cónicas en tonos neutros refuerzan la verticalidad del montaje y añaden una iluminación cálida y elegante al caer la tarde.
Este proyecto representa nuestra visión: menos artificio, más intención.
Un diseño limpio, estructurado y coherente, donde cada detalle cumple una función estética y emocional.