El espacio se transforma a través de una instalación aérea de gran formato. Candelabros contemporáneos, intervenidos con cristal y estructura dorada, flotan entre velos de tela suspendidos. La luz no solo ilumina: envuelve, dramatiza y eleva la atmósfera.
La paleta se mantiene en una línea neutra y sofisticada. Blancos suaves, marfil y verdes naturales dialogan con materiales nobles y texturas translúcidas. La mesa se construye desde la sutileza: centros bajos con flores blancas orgánicas, velas estilizadas en cilindros de vidrio y pequeños detalles que aportan ritmo visual sin recargar.
Es una propuesta que equilibra lo monumental con lo íntimo.
Altura en el techo. Delicadeza en la mesa.
Arquitectura y flor trabajando en la misma dirección.